Del libre albedrío
Dios ha investido la voluntad del hombre de esa libertad natural y poder para actuar por elección propia, que no es forzada ni está determinada a hacer el bien o el mal por ninguna necesidad de la naturaleza.1
Referencias bíblicas
- 1
Mat. 17:12. Stg. 1:14. Deu. 30:19.
El hombre, por su Caída en un estado de pecado, ha perdido enteramente toda capacidad de la voluntad para cualquier bien espiritual que acompañe la salvación;4 por tanto, como hombre natural que está completamente opuesto a ese bien y muerto en pecado,5 no puede por sus propias fuerzas convertirse a sí mismo, o prepararse para ello.6
Referencias bíblicas
- 4
Rom. 5:6; 8:7.
- 5
Efe. 2:1, 5.
- 6
Tit. 3:3, 4, 5. Jua. 6:44.
Cuando Dios convierte a un pecador y lo traslada al estado de gracia, lo libra de su esclavitud natural bajo el pecado,7 y —por Su sola gracia— lo capacita para querer y hacer libremente lo que es espiritualmente bueno;8 sin embargo, por causa de sus corrupciones remanentes, no quiere ni perfecta ni únicamente lo que es bueno, sino también lo que es malo.9
Referencias bíblicas
- 7
Col. 1:13. Jua. 8:36.
- 8
Fil. 2:13.
- 9
Rom. 7:15, 18, 19, 21, 23.
La voluntad del hombre es hecha perfecta e inmutablemente libre, para el bien únicamente, solo en el estado de gloria.10
Referencias bíblicas
- 10
Efe. 4:13.