De la seguridad de la gracia y la salvación
Aunque los que son creyentes temporales y otros hombres no regenerados se engañen vanamente con falsas esperanzas y presunciones carnales de estar en el favor de Dios y en el estado de salvación, esperanza de ellos que perecerá,1 los que creen verdaderamente en el Señor Jesús y lo aman con sinceridad, esforzándose por andar con toda buena conciencia delante de Él, pueden estar absolutamente seguros en esta vida de que están en el estado de gracia,2 y pueden regocijarse en la esperanza de la gloria de Dios, esperanza que nunca los avergonzará.3
Referencias bíblicas
- 1
Job 8:13, 14. Mat. 7:22, 23.
- 2
1 Jua. 2:3; 3:14, 18, 19, 21, 24; 5:13.
- 3
Rom. 5:2, 5.
Esta certeza de la gracia y la salvación no es un mero convencimiento conjetural y probable basado en una esperanza falible, sino una seguridad infalible de fe4 basada en la sangre y la justicia de Cristo reveladas en el evangelio;5 basada también en la evidencia interna de aquellas virtudes del Espíritu a las que se hacen promesas,6 y en el testimonio del Espíritu de adopción que testifica a nuestro espíritu que somos hijos de Dios;7 y, como fruto de ello, mantiene el corazón humilde y también santo.8
Referencias bíblicas
- 4
Heb. 6:11, 19.
- 5
Heb. 6:17, 18.
- 6
2 Ped. 1:4, 5, 10, 11.
- 7
Rom. 8:15, 16.
- 8
1 Jua. 3:1-3.
Esta seguridad infalible de la gracia y la salvación no pertenece tanto a la esencia de la fe, sino que un verdadero creyente puede tener que esperar mucho tiempo y entrar en conflicto con muchas dificultades antes de ser partícipe de tal seguridad;9 sin embargo, al ser capacitado por el Espíritu para conocer las cosas que le son dadas libre y gratuitamente por Dios, puede alcanzarla sin una revelación extraordinaria, con el uso correcto de los medios;10 por lo cual, es deber de cada uno ser tanto más diligente para hacer firme su llamado y elección, para que —por este medio— su corazón se ensanche en paz y gozo en el Espíritu Santo, en amor y gratitud a Dios, y en fortaleza y alegría en los deberes de la obediencia, que son los frutos propios de esta seguridad;11 así de lejos está esta seguridad de inclinar a los hombres al libertinaje.12
Referencias bíblicas
- 9
Isa. 50:10. Sal. 88; y Sal. 77:1 12.
- 10
1 Jua. 4:13. Heb. 6:11, 12.
- 11
Rom. 5:1, 2, 5; 14:17. Sal. 119:32.
- 12
Rom. 6:1, 2. Tit. 2:11, 12, 14.
La seguridad de la salvación de los creyentes puede ser zarandeada, disminuida o interrumpida de diversas maneras: por negligencia en conservarla,13 por caer en algún pecado específico —lo cual hiere la conciencia y contrista al Espíritu—,14 por alguna tentación repentina o vehemente,15 por retirarles Dios la luz de Su rostro y permitir, incluso a los que lo temen, andar en tinieblas y no tener luz;16 sin embargo, los verdaderos creyentes nunca son privados de la simiente de Dios17 y de la vida de la fe,18 de ese amor de Cristo y de los hermanos, de esa sinceridad de corazón y conciencia del deber, por los cuales, esta seguridad puede ser avivada a su debido tiempo por la operación del Espíritu;19 y, por medio de los cuales, mientras tanto, los verdaderos creyentes son preservados de caer en total desesperación.20
Referencias bíblicas
- 13
Cnt. 5:2, 3, 6.
- 14
Sal. 51:8, 12, 14.
- 15
Sal. 116:11. Sal. 77:7, 8. Sal. 31:22.
- 16
Sal. 30:7.
- 17
1 Jua. 3:9.
- 18
Luc. 22:32.
- 19
Sal. 42:5, 11.
- 20
Lam. 3:26, 27-31.