Del estado del hombre después de la muerte y de la resurrección de los muertos
Los cuerpos de los hombres vuelven al polvo después de la muerte y ven corrupción,1 pero sus almas (que no mueren ni duermen), teniendo una subsistencia inmortal, vuelven inmediatamente a Dios que las dio;2 entonces las almas de los justos son hechas perfectas en santidad, son recibidas en el Paraíso, donde están con Cristo y contemplan el rostro de Dios en luz y gloria, aguardando la plena redención de sus cuerpos;3 y las almas de los malvados son arrojadas al infierno, donde permanecen en tormento y total oscuridad, reservadas para el Juicio del gran Día;4 aparte de estos dos lugares para las almas separadas de sus cuerpos, la Escritura no reconoce ningún otro.
Referencias bíblicas
- 1
Gén. 3:19. Hch. 13:36.
- 2
Ecl. 12:7.
- 3
Luc. 23:43. 2 Cor. 5:1, 6, 8. Fil. 1:23. Heb. 12:23.
- 4
Jud. 6, 7. 1 Ped. 3:19. Luc. 16:23, 24.
En el último día, los santos que se encuentren vivos no dormirán, sino que serán transformados;5 y todos los muertos serán resucitados con sus mismos cuerpos, y no con otros cuerpos;6 aunque con diferentes cualidades, estos serán unidos otra vez a sus almas para siempre.7
Referencias bíblicas
- 5
1 Cor. 15:51, 52. 1 Tes. 4:17.
- 6
Job 19:26, 27.
- 7
1 Cor. 15:42, 43.
Los cuerpos de los injustos, por el poder de Cristo, serán resucitados para deshonra; los cuerpos de los justos, por Su Espíritu, serán resucitados para honra, y serán hechos en conformidad al propio cuerpo glorioso de Cristo.8
Referencias bíblicas
- 8
Hch. 24:15. Jua. 5:28, 29. Fil. 3:21.