De la santificación
Aquellos que son unidos a Cristo, que son llamados eficazmente y regenerados, teniendo un nuevo corazón y un nuevo espíritu, creado en ellos en virtud de la muerte y resurrección de Cristo, son también santificados aún más, real y personalmente,1 en virtud de esta muerte y resurrección, por medio de Su Palabra y Su Espíritu que habitan en ellos;2 el dominio de todo el cuerpo de pecado es destruido,3 y los diversos deseos del mismo son cada vez más debilitados y mortificados;4 y ellos son cada vez más vivificados y fortalecidos en todas las virtudes salvadoras,5 para la práctica de toda verdadera santidad, sin la cual nadie verá al Señor.6
Referencias bíblicas
- 1
Hch. 20:32. Rom. 6:5, 6.
- 2
Jua. 17:17. Efe. 3:16-19. 1 Tes. 5:21-23.
- 3
Rom. 6:14.
- 4
Gál. 5:24.
- 5
Col. 1:11.
- 6
2 Cor. 7:1. Heb. 12:14.
Esta santificación es por completo, en el hombre en su totalidad,7 aunque imperfecta en esta vida; aún quedan algunos remanentes de corrupción en cada parte,8 de donde surge una guerra continua e irreconciliable; el deseo de la carne siendo contra el Espíritu, y el del Espíritu contra la carne.9
Referencias bíblicas
- 7
1 Tes. 5:23.
- 8
Rom. 7:18, 23.
- 9
Gál. 5:17. 1 Ped. 2:11.
En dicha guerra, aunque la corrupción remanente prevalezca mucho por un tiempo,10 aun así, la parte regenerada vence mediante la continua provisión de fuerzas por parte del Espíritu santificador de Cristo;11 así los santos crecen en la gracia, perfeccionando la santidad en el temor de Dios, esforzándose en pos de una vida celestial, en obediencia evangélica a todos los mandatos que Cristo, como Cabeza y Rey, les ha prescrito en Su Palabra.12
Referencias bíblicas
- 10
Rom. 7:23.
- 11
Rom. 6:14.
- 12
Efe. 4:15, 16. 2 Cor. 3:18; 7:1.